¿QUIÉNES SOMOS?

Somos una comunidad virtual de criptoentusiastas, emprendedores y usuarios de activos digitales fundada en 2018 por Alex Sobrino, uno de los pioneros del ecosistema cripto cubano. Nacimos con el propósito de reunir a personas interesadas en Bitcoin y las nuevas tecnologías financieras, facilitar el intercambio de conocimientos y promover la educación financiera, la adopción responsable de las criptomonedas, el comercio peer-to-peer (P2P), el trading, la tecnología blockchain, las finanzas descentralizadas y el emprendimiento digital. Desde nuestros orígenes, trabajamos para conectar personas, compartir conocimiento y explorar cómo estas tecnologías pueden generar nuevas oportunidades dentro y fuera de Cuba.

EL NACIMIENTO: LA PRIMERA COMUNIDAD DE CRIPTOFINANZAS

La historia de CUBACRIPTO comenzó antes de su fundación oficial. Sus orígenes se remontan a finales de 2017, cuando Alex Sobrino creó un pequeño grupo de WhatsApp llamado Criptonomía para reunir a personas que comenzaban a interesarse por Bitcoin, las criptomonedas y la tecnología blockchain. En una época en la que estos conceptos todavía eran poco conocidos en Cuba, aquel espacio permitió compartir conocimientos, debatir cuestiones técnicas y conectar a usuarios que hasta entonces exploraban estas tecnologías de manera aislada.

El crecimiento de Criptonomía llevó posteriormente a la comunidad a Telegram, una plataforma que ofrecía mejores herramientas para organizar grupos temáticos, compartir información y conectar participantes de distintas provincias y cubanos residentes en el exterior. Esta evolución coincidió con un cambio decisivo en la conectividad del país: el 6 de diciembre de 2018 comenzó a comercializarse el acceso a Internet mediante datos móviles, ampliando las posibilidades de comunicación y organización de comunidades digitales.

En ese nuevo escenario, el 31 de diciembre de 2018 el proyecto adoptó oficialmente el nombre CUBACRIPTO, consolidándose como la primera comunidad cubana de criptofinanzas. Durante 2019 comenzaron también los encuentros presenciales en La Habana, entre ellos un meetup conjunto con la comunidad de PIVX, reflejando la evolución de un pequeño grupo de mensajería hacia una comunidad más organizada y activa dentro del naciente ecosistema cripto cubano.

LA PROMOCIÓN: EDUCACIÓN FINANCIERA PARA TODOS

Desde sus primeros pasos, CUBACRIPTO entendió que la adopción necesitaba una base educativa. Su objetivo no era limitarse a hablar de precios o inversiones, sino ayudar a comprender Bitcoin, las billeteras digitales, la protección de fondos, las transacciones, los mercados P2P, el trading y los riesgos asociados a fraudes y malas prácticas.

La comunidad comenzó así a funcionar como una escuela abierta y colaborativa. Los usuarios con mayor experiencia ayudaban a quienes estaban dando sus primeros pasos, mientras distintos grupos permitían profundizar en materias específicas. En 2019, CriptoNoticias describió estos espacios como auténticas “aulas virtuales” en las que principiantes y usuarios experimentados compartían conocimientos, estrategias y alertas.

Esta labor educativa se amplió mediante charlas, encuentros, talleres y debates, tanto virtuales como presenciales. Desde aquella etapa inicial, Alex Sobrino planteó también la posibilidad de llevar la educación financiera y tecnológica a espacios como escuelas, universidades y futuras iniciativas formativas, reforzando una visión que trascendía los límites de la propia comunidad.

LA EXPANSIÓN: DE COMUNIDAD A MOVIMIENTO

Durante 2019, CUBACRIPTO comenzó a adquirir visibilidad más allá de sus propios canales. Medios especializados y generalistas documentaron el proyecto y su desarrollo, mientras Alex Sobrino empezó a ser citado como una de las figuras vinculadas a los primeros espacios donde los cubanos debatían, aprendían y comerciaban con activos digitales.

Al mismo tiempo, el ecosistema comenzó a diversificarse. Surgieron comunidades, grupos especializados e iniciativas independientes vinculadas a distintos proyectos, traders, emprendedores e inversionistas. Con los años aparecerían nuevas organizaciones con objetivos propios, como Cuba Bitcoin y posteriormente iniciativas territoriales como La IslaBTC, reflejando una evolución hacia un movimiento más plural y descentralizado.

CUBACRIPTO contribuyó a abrir ese camino y se convirtió en una referencia para usuarios, medios, investigadores y emprendedores interesados en comprender los primeros años de las criptomonedas en Cuba. Investigaciones posteriores, incluidas iniciativas académicas vinculadas a Columbia University, continuarían identificando a la comunidad y a su fundador dentro de la historia temprana de ese ecosistema.

LA ADOPCIÓN: DE LA PROMOCIÓN A LA USABILIDAD

La siguiente evolución fue pasar del conocimiento al uso práctico. Para CUBACRIPTO, las criptomonedas no debían entenderse únicamente como instrumentos de inversión o trading, sino también como herramientas para realizar pagos, adquirir productos y servicios, efectuar recargas, transferir valor y acceder a mercados digitales.

Esta utilidad adquiría una dimensión particular en Cuba. En 2019, Reuters documentó casos de usuarios que utilizaban criptomonedas para comprar productos en tiendas extranjeras y señaló que algunos cubanos adquirían sus primeros activos digitales mediante canales como CUBACRIPTO, en un contexto marcado por dificultades de acceso a tarjetas internacionales y determinados servicios financieros.

La adopción comenzó así a desplazarse desde la promoción hacia la usabilidad. El interés por las criptomonedas ya no respondía únicamente a la posibilidad de hacer trading, sino también a necesidades concretas como pagar un servicio, comprar un producto, recibir valor desde el exterior o participar en una economía digital con mayores alternativas.

LA RE-EVOLUCIÓN: P2P, REMESAS Y NUEVOS SERVICIOS

Una de las transformaciones más relevantes de aquella etapa fue el crecimiento del mercado peer-to-peer (P2P). Ante la ausencia de una infraestructura nacional de exchanges y las dificultades para operar con determinadas plataformas internacionales, compradores y vendedores comenzaron a encontrarse directamente entre sí. CUBACRIPTO se convirtió en uno de esos primeros puntos de encuentro, donde los propios usuarios negociaban activos digitales en función de la oferta, la demanda y la confianza.

Este modelo adquirió mayor importancia debido a las limitaciones históricas de acceso a determinados servicios financieros internacionales. Las sanciones, las políticas de cumplimiento de bancos, procesadores de pago y exchanges, así como las restricciones sobre las remesas y el cierre de Western Union en Cuba en 2020, redujeron algunos de los canales tradicionales disponibles para transferir valor.

En ese contexto surgieron iniciativas como CriptoRemesas, orientada a facilitar transferencias desde el exterior mediante activos digitales, y Servicripto, concebida como un espacio para ofrecer productos y servicios aceptando criptomonedas. Estas experiencias reflejaron una evolución desde la educación hacia la creación de soluciones prácticas, dentro de un mercado que posteriormente incorporaría nuevos emprendimientos, plataformas y servicios desarrollados por distintos actores del ecosistema.

LA TRANSFORMACIÓN: CAMBIANDO UN PAÍS

Cuando CUBACRIPTO comenzó a organizarse, Cuba aún no contaba con una regulación específica para las criptomonedas. El mercado se desarrollaba principalmente desde los propios usuarios, mediante comunidades, operaciones P2P, emprendimientos y servicios que experimentaban con una tecnología todavía fuera de un marco normativo especializado.

Esta situación comenzó a cambiar en 2021, cuando la Resolución 215 del Banco Central de Cuba estableció normas para el uso de determinados activos virtuales en transacciones comerciales y contempló la autorización de proveedores de servicios relacionados. En 2022, la Resolución 89 desarrolló los requisitos para su autorización, funcionamiento y supervisión, mientras en los años siguientes se incorporaron nuevas disposiciones vinculadas a la prevención del lavado de activos y al otorgamiento de licencias. En 2026, la Resolución 4/2026 autorizó además a determinadas personas jurídicas cubanas a utilizar activos virtuales en operaciones específicas de pago transfronterizo.

Estos cambios regulatorios responden a múltiples factores económicos, tecnológicos e institucionales y no pueden atribuirse a una sola comunidad. Sin embargo, existe una continuidad histórica: años antes de que los activos virtuales aparecieran formalmente en las normas cubanas, CUBACRIPTO y otros actores del ecosistema ya estaban educando usuarios, desarrollando mercados P2P, explorando remesas y promoviendo aplicaciones prácticas de estas tecnologías.

EL LEGADO: DE UN SUEÑO A LA REALIDAD

Entre aquel pequeño grupo surgido a finales de 2017 y el ecosistema existente en 2026 se produjo una transformación profunda. Las criptomonedas pasaron de ser conocidas por un reducido número de entusiastas a formar parte de mercados P2P, remesas, emprendimientos, comunidades educativas, servicios digitales y, finalmente, del propio marco regulatorio cubano.

CUBACRIPTO estuvo presente desde los primeros años de ese proceso. Alex Sobrino aportó la visión y el impulso inicial, pero el desarrollo de la comunidad fue también una construcción colectiva en la que moderadores, colaboradores, traders, comerciantes, desarrolladores, emprendedores y usuarios compartieron conocimientos, enseñaron a otros y contribuyeron a extender la cultura cripto dentro y fuera del país.

Su legado no reside únicamente en los proyectos vinculados directamente a la comunidad, sino también en las personas que aprendieron, enseñaron y emprendieron, así como en las nuevas comunidades e iniciativas que posteriormente desarrollaron sus propias visiones. Lo que comenzó como un pequeño espacio para conectar interesados terminó formando parte de los primeros capítulos de las criptofinanzas en Cuba y de un ecosistema hoy mucho más amplio, diverso y maduro.

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